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¿Qué impulsa a las personas a colaborar? ¿Y a seguir haciéndolo una vez han empezado?

19NOV2002 PRESTIGE CHAPAPOTE NUNCAMAIS STOP

Esta pequeña línea que acabas de leer es mucho más que las letras que la forman. Son 170.000 toneladas de chapapote, mas de 3000 km de litoral en Galicia, Cantábrico y Francia contaminados por marea negra, miles de personas intoxicadas por hidrocarburos, entre 150.000 y 250.000 aves marinas muertas, cientos de tortugas y mamíferos marinos fallecidos, mas de 4000 millones de euros en coste económico y medio ambiental, vaya, una catástrofe en toda regla. Pero sobre todo, estas pocas palabras nos evocan a los más de 200.000 voluntarios y voluntarias de todas las edades y procedencias, que dentro de un mono blanco y con mascarillas, trabajaron gratuita y solidariamente para apartar el chapapote de nuestra vista. Uno de los más conmovedores ejemplos de colaboración y solidaridad que hemos vivido últimamente.

Las personas colaboramos básicamente por dos motivos. El primero es para obtener algún tipo de beneficio personal o por satisfacer alguna necesidad. Puede ser por prestigio social, por superar un reto, por una retribución, por sentirnos buenas personas, por compensar algún comportamiento negativo, por demostrar nuestra pertenencia a un grupo o a una religión, por obligaciones o costumbres  sociales, por luchar por un ideal en el que creemos firmemente, etc… Hay muchas posibles remuneraciones, pero como por ayudar no juzgamos a nadie, todas son por una buena causa y genuinas. El segundo es por altruismo. Porque es lo correcto, porque se necesita ayuda y se presta, sin más, sin preguntarse cuánto va a costar, ni qué hay que hacer y sin obtener nada a cambio. Por pura generosidad. Cualquier vía es válida para colaborar, pero es necesario ser honesto con uno mismo, porque la calidad de la participación dependerá de ello.

Terremotos, inundaciones, huracanes, choques de trenes, terrorismo, hambrunas, sequías o pandemias, pertenecen a la familia de calamidades por parte de madre. Son imprevistos y puntuales, e inspiran compasión y cooperación, pero siempre limitados en el tiempo hasta solucionar el problema. La otra rama familiar de calamidades, la de por parte de padre, son más persistentes y nunca dejamos de engendrar más: injusticias y exclusiones sociales, discriminaciones raciales o por género, persecuciones políticas, pobreza, el cambio climático, desigualdad económica, injusto reparto de recursos y la riqueza… La lista es inagotable. También inspiran compasión y cooperación, pero para todos estos problemas, hasta ahora, no tenemos una solución definitiva, nos acostumbramos a ellos, y la participación suele difuminarse hasta desaparecer.

Por muy humano y necesario que sea, ¡qué triste es que la mayor generadora de cooperación  y solidaridad sean las desgracias!

Participar sin un infortunio también es posible. Muchísimas personas colaboran cada día para que nuestro mundo sea un poco mejor. Generosa y desinteresadamente, cada cual desde su posición, ayudamos con nuestras ideas, nuestro trabajo y nuestras acciones. Además, todo lo bueno que la humanidad ha creado o está creando, y utilizamos diariamente, es también una forma de participación. Ahora es un buen momento para colaborar. Nuestro mundo necesita preguntas, respuestas, soluciones e ideas, y todos somos necesarios e imprescindibles. Por una vez, hagámoslo antes de que lleguen las desgracias. No dejemos el estudio para el día antes del examen. Sin prisa pero sin pausa.

Para participar activamente tenemos que facilitarlo. Identificar qué frena la cooperación entre personas. Primero, hemos de eliminar las barreras de entrada y salida. Nada se pide para comenzar. Nada se pide para parar. Todo debe ser en libertad, y si hay obligaciones, serán las que impongan el sentido común, la buena fe, la ética y, con todo el riesgo que ello siempre supone, la organización de las aportaciones. En segundo lugar no hemos de preocuparnos por nuestra preparación, siempre hay algo que conozcamos, que suframos, que podamos aprender o que sintamos, y siempre podremos aportar algo. Cuanta más transversalidad, más rico será el resultado. La medalla de bronce es para el resultado que obtengamos de la participación. Nunca será inútil, no pensemos jamás que nuestro esfuerzo no servirá para nada. No caigamos en el desánimo. Este pensamiento es un poderoso enemigo, desterrémoslo desde el principio. En cuarto puesto, y fuera de las medallas, esta la creencia de que no encontraremos tolerancia, que no nos dejarán expresar lo que en verdad pensamos, que nos censuraran las opiniones. Nada más lejos de la realidad. Buscamos TODAS las ideas, de todos los colores, sin cerrarnos a nada simplemente porque es diferente. Es la única manera de cambiar algo. Con unas tan ambiciosas expectativas, no podemos dejar nada atrás.

Todo esto parece complicado. ¿Verdad? ¡Nadie dijo que fuera fácil!

embryo no tiene ahora ni una semana de vida, es todavía muy frágil, pero está lleno de ilusión y esperanza. Cualquier idea, en forma de comentario o email serán los nutrientes imprescindibles para crecer. Mas adelante, encontraremos mejores medios, ahora todavía somos diminutos Pero es nuestra criatura, participa libremente en la gestación y la crianza, cuando quieras o puedas. Todo un reto, al que parece que nunca vayamos a estar preparados. Pero si lo estamos, no te dejes convencer de otra cosa.

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