¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Lo vamos a permitir?
Hay un fácil y divertido juego de cartas que además de entretenerte, va muy bien para entender la vida, el comemierda. El nombre lo dice todo. Si tus cartas son buenas y ganas, te conviertes en presidente y triunfas en la vida. En la siguiente partida, el perdedor, el culo, te da sus dos mejores cartas a cambio de tus dos peores, y se hunde más en la miseria. Con mucha suerte, siendo culo, puedes tener una oportunidad si te llegan muy buenas cartas, pero normalmente solo hay un medio para cambiar las tornas, la revolución. Cómo jugamos desde que nacemos, lamentable e inevitablemente, la vida es, hasta ahora, una cuestión de cartas.
Si las cartas están viejas o sucias de tanto usarlas siempre podemos intentar limpiarlas con migas de pan, quedan sorprendentemente blancas. Si están pegajosas, usaremos estearato de zinc, nunca polvos de talco, como todo buen mago sabe. Si están muy combadas por tanto truco, podemos usar una prensa, aunque sea una casera hecha con dos maderas y cuatro tornillos. Si queremos jugar al póker o al comemierda y no es con amigos, mejor usar una baraja nueva, y siempre, a la más mínima sospecha, pidamos una nueva. A nadie le gusta jugar con cartas marcadas. Bueno, solo a uno, al que conoce las marcas.
Hoy en día, todas las barajas, incluso las que están por estrenar, están marcadas. Deberíamos saberlo, porque todos hemos ayudado a hacerlo. Lo sorprendente es que lo hayamos olvidado. No recordamos qué marcas son ni cuando las hicimos. Pero los que nos han convencido para hacerlas no lo han olvidado, llevan un minucioso registro. Al contrario, han perfeccionado la técnica y ahora participamos más activamente que nunca, sin casi darnos cuenta, en crear nuevas marcas que nos dejan todavía mas desnudos y vulnerables. Cada día, en todo momento y sea lo que sea que hagamos, estamos generando nuevas marcas que sólo unos pocos privilegiados pueden leer. Son tan audaces y se creen tan invencibles que hasta nos lo dicen. Nos han convencido que nuestras marcas son insignificantes, que casi no se notan, y que no nos afectarán en nada. Dicen que es por nuestro bien, y que además, a cambio de nuestra pequeña contribución, nos ofrecen unos magníficos y gratuitos regalos, sin los cuales ya no sabemos vivir. Pero ellos, leen todas las marcas, todas, las de todos, siempre, y nos conocen más que nosotros mismos.
Estos privilegiados llevan ganando todas las partidas desde hace mucho tiempo. No se cansan de ganar y nunca reparten beneficios. Lo único que nos dan es la revancha, una y otra vez, para volver a derrotarnos sin compasión a la siguiente mano. Nos dan las migas para que limpiemos las cartas y creamos que estamos en una mesa limpia, en una partida justa. Nada más lejos de la realidad.
Privilegios y privilegiados han existido siempre, y en realidad, ese nunca ha sido el mayor problema. Pero como en la naturaleza, hace falta una proporción adecuada. Escasez y abundancia, sol y lluvia, depredadores y presas… Todos los contrarios deben mantener una adecuada relación si queremos que el mundo funcione correctamente. Esta proporción es un frágil y delicado equilibrio, una obra de arte de la evolución. Entre todos, y desde no hace demasiado tiempo, la hemos aniquilado.
No importa cuando empezó todo. Quizás fue mi generación, parece plausible. A lo mejor fue un poco antes, o un poco después, que mas da. Pero lo cierto es que, a partir de un terrible segundo, discretamente, sin llamar mucho la atención, la balanza se inclinó, y ya no ha recuperado el equilibrio. La especulación, la inmensa deuda pública y privada, el consumismo desenfrenado, el abusivo precio de la vivienda, los recortes y privatizaciones en los servicios públicos, la pérdida de libertades, cualquier discriminación por sexo, raza, religión o poder económico, el cambio climático, la contaminación, la manipulación de la información, la mala calidad de la educación, comportamientos poco éticos o inmorales, el ineficaz control de los recursos, la insultante desigualdad, las pandemias… Una lista demasiado larga y que se queda corta. Cada ítem tiene su propia historia y evolución. En solitario pueden parecer manejables, no nos asustan tanto y por eso no les prestamos demasiada atención, pero todos juntos son nuestros verdugos.
Ya no es suficiente con limpiar o cambiar las cartas. Esta baraja marcada no la debemos ni queremos usar. Nos ha llevado a una situación insostenible. Hemos de crear una nueva, impecable, sin marcas. Una que sea una auténtica obra de arte, que nos permita a todos participar, si así lo queremos, en un nuevo juego, en el que todos tengamos las mismas oportunidades, al que toda la humanidad esté invitada, donde tendremos los mismos derechos y obligaciones, donde los recursos serán compartidos, con las mismas reglas para todos, un mundo donde podamos usar nuestro talento y capacidades para disfrutar jugando, en el que ganar individualmente no tendrá tanta importancia porque todos ganaremos siempre. Necesitamos una nueva baraja.
Fascismo, comunismo, capitalismo y neoliberalismo tienen algo en común, han fracasado. Unos antes que otros, pero todos, tarde o temprano, han seguido –o lo están haciendo- el camino del precipicio. Nos hemos quedado huérfanos. Nos sobran problemas, y nos faltan ideas brillantes y lideres carismáticos que crean en ellas. Es verdad que hay esperanza. La humanidad siempre la tiene, es uno de los maravillosos rasgos que nos caracterizan. Actualmente muchos hombres y mujeres en todo el planeta están dedicados en cuerpo y alma a buscar soluciones para los graves conflictos que tenemos sobre la mesa. Pero estas soluciones persiguen tan solo acabar con ellos, pocas van más allá. No anhelan una idea global que acoja todas esas soluciones, todas las necesidades, esperanzas y todos los nuevos retos que deberemos afrontar a partir de ahora, como una sociedad digna del futuro.
Disponemos de buen material en abundancia, no es necesario formatearlo todo. Necesitamos una nueva configuración, una revolución de las ideas, una nueva baraja.
Necesitamos un nuevo sistema de gobierno social.
Revolución!
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Sin duda!, pero también podemos inventar nuevas reglas en el juego, como dejar que los que no son ni culo ni presidente compartan sus cartas… ¿Te suena?, es tuya… :·) Necesitamos más reglas así!
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Realmente no recordamos cuando se inclino la balanza porque ya lo estaba desde tiempos muy lejanos, como muestra las canciones de La Polla Records, entre oteos muchos, ya nos hablaban de «Reunión de cerdos todas las mañanas, vendemos paises y compramos almas, va mal el negocio manda la caballeria…» pero claro Evaristo era un «endrogao» y eso es «mu malo»
Salud y revolucion
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Escuchar, escuchar y escuchar, atentamente, que de todo se aprende. Y si encima pasas un buen rato, win-win!! ¡Qué buen tiempo aquel para la música!
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